E.T. el extraterrestre | ¿El peor videojuego de la historia?
E.T. the Extra-Terrestrial: El mayor error de Atari
A comienzos de 1982, Atari estaba en la cima del mundo. Su consola Atari 2600 seguía siendo la más vendida, y los beneficios fluían a un ritmo espectacular.
Fue entonces cuando apareció la oportunidad que, en teoría, debía garantizar otro gran éxito: una adaptación del fenómeno cinematográfico del momento, E.T. the Extra-Terrestrial, de Steven Spielberg.
Una licencia millonaria
Warner, propietaria de Atari, pagó unos 20 millones de dólares por los derechos exclusivos del videojuego. Una cifra astronómica para la época. El objetivo era claro: lanzar el juego en las navidades de 1982 y arrasar en ventas. Pero había un problema: el tiempo.
Con solo cinco semanas antes de que comenzara la campaña navideña, Atari encargó el desarrollo del juego al diseñador Howard Scott Warshaw, creador del aclamado Yars’ Revenge. Era un desarrollador brillante, pero incluso él sabía que hacer un juego completo y pulido en tan poco tiempo era una tarea titánica.

Un desarrollo a contrarreloj
Warshaw trabajó a un ritmo frenético, prácticamente sin descanso, para cumplir los plazos. El resultado fue un juego con ideas interesantes (como el uso de objetos y una estructura más abierta que lo típico de la época), pero lleno de errores, confuso en sus mecánicas y frustrante en la experiencia de juego.
El jugador debía ayudar a E.T. a recolectar piezas para construir un teléfono y «llamar a casa«, mientras evitaba a los agentes del gobierno. Pero los controles poco precisos y los pozos de los que costaba salir se convirtieron en una pesadilla para muchos jugadores. Lo que debía ser una aventura mágica, se transformó en una experiencia desconcertante e irritante.
Producción descontrolada… y un stock imposible
Convencidos de que sería un éxito, Atari fabricó entre 4 y 5 millones de copias del juego, más de las que incluso había consolas vendidas. Se estima que al menos 2.5 millones quedaron sin vender, y otras tantas fueron devueltas por consumidores descontentos.
Las pérdidas fueron enormes. No solo por los costes directos, sino porque el caso de E.T. se convirtió en el símbolo de una industria que estaba priorizando la cantidad sobre la calidad.

El entierro en el desierto
Durante años, circuló la leyenda urbana de que Atari, desesperada por deshacerse del stock invendible, enterró millones de cartuchos de E.T. y otros títulos en un vertedero en Alamogordo, Nuevo México.
En 2014, esta historia fue confirmada cuando un equipo de documentalistas excavó el lugar y descubrió cientos de copias de E.T., Centipede y otros juegos.
Ese momento se convirtió en una imagen icónica de la caída de Atari, una metáfora literal del hundimiento de una industria por exceso de confianza y mala gestión.

Más que un mal juego: un síntoma de una crisis
Aunque se suele culpar a E.T. de ser «el peor videojuego de la historia» y el culpable del crash del 83, lo cierto es que fue el síntoma más visible de un problema mucho mayor: saturación del mercado, baja calidad generalizada, y decisiones ejecutivas impulsadas por la codicia y el cortoplacismo.
E.T. fue la chispa que encendió una mecha que ya estaba lista para estallar. Y aunque Howard Scott Warshaw ha sido reivindicado con los años como un desarrollador talentoso atrapado en circunstancias imposibles, el caso sigue siendo una advertencia histórica: incluso las grandes ideas pueden fracasar si no se gestionan con tiempo, respeto y cuidado.
Para saber más historias sobre los títulos de Atari, os recomendados el episodio 20 del podcast de La Cueva Virtual. En ese capítulo contamos la historia de un gigante que cayó en el olvido. ¡No te lo pierdas! ¿Tuviste una Atari? Te leemos en comentarios.



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